Friday, 4 September 2020

La Música y yo
Hola. me llamo Carlos.
Soy actor. 
Y como todos los habitantes de este planeta he vivido rodeado de música desde que tengo memoria. Y como la mayoría de gente de este planeta, la música me ha acompañado a lo largo de toda mi vida en los buenos y en los malos momentos. 
En realidad, casi no podemos imaginar el mundo sin alguna melodía o canción que nos acompañe.Sin embargo la música tiene una estructura compleja difícil de definir y un poder que se nos hace prácticamente ineludible.
Fue ese enorme poder y esa atracción lo que me llevó a intentar, casi siendo aún un bebé, manejar un toca disco para poder reproducir algo que me atraía por sobre todas las cosas: una canción de Nino Bravo.
Era un disco de vinilo de 45 r.p.m. entre las decenas que tenía mi madre acumuladas en la sala y que un día escuché con fascinación. Recuerdo haber observado el disco de vinilo negro con etiqueta naranja que daba vueltas y reproducía algo de lo cuál era imposible para mi despegarme. Un día decidí por mis propios medios poner aquel disco y en medio de la soledad de, a los ojos de un niño que gatea, inconmensurable sala llegué hasta la pila de discos de 45 y comencé a buscar los de etiqueta naranja. Los separé en un grupo aparte y los fui poniendo uno por uno bajo la aguja del toca-disco hasta encontrar la melodía que me obsesionaba. Estaba aún muy lejos de saber leer, así que esos símbolos que aparecían en las etiquetas no significaban nada para mí, pero sabía, definitivamente, que la ansiada melodía estaba escondida en una etiqueta color naranja.
Los puse uno por uno y mientras el grupo se iba agotando mi emoción crecía ya que, pensaba dentro de mí, "el próximo debe ser!"
El grupo se terminó pero la música nunca salió. 
Sin desanimarme volví a repetir la operación: volvió a ser un fracaso. 
No entendía porqué no aparecía la música que buscaba. Ese día fue frustrante. Recuerdo que regresé varias veces hasta que un día la canción por fin sonó. Era como si se hubiera escondido de mí y solo quisiera mostrarse caprichosamente ahora. Durante mucho tiempo seguimos jugando ese juego. Ella huidiza y yo tozudo y terco en encontrarla sin ayuda de nadie.
Muchos años después descubriría que los discos de vinilo tienen dos lados uno, A y otro B, y que yo al no saber leer no podía saber, ni imaginar, que habían dos canciones, una en cada cara y que varias veces ponía el disco correcto pero el lado equivocado.
Fueron desde esos primeros años de vida que la música se convirtió en algo hermético y maravilloso a la vez para mi. Un lenguaje oculto y cifrado que solo me entregaba sus frutos pero no sus secretos.
La música fue desde ese día un enigma y una eterna compañía.

https://www.youtube.com/watch?v=PaKRIlKtU9s 



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